Dieciséis años después, la gloria volvió a ser argentina

Las Leonas derrotaron a Países Bajos por shootout 1 (3) - 1 (1) y se consagraron campeonas del mundo en tierra neerlandesa, en una final marcada por la presión, la constancia y la garra argentina.
Una nueva final volvía a enfrentar a las dos selecciones. El historial estaba empatado: dos finales ganadas para cada lado. En esta quinta definición entre ambos equipos, la balanza se inclinaría para un lado y las jóvenes argentinas darían todo para que lo ocurrido el 11 de diciembre de 2025 no volviera a repetirse. “El camino comenzó ahí”, comentó Agostina Alonso, una de las capitanas, en una entrevista con ESPN después de la final.
Las Leonas habían perdido 4-0 frente a las neerlandesas en Santiago del Estero por la Pro League, en diciembre del año pasado. Fue un golpe duro para el seleccionado: perder en casa y ante un equipo que había dominado el partido desde el primer cuarto. Pero lejos de tirar la toalla y aceptar la superioridad del rival, las Leonas ajustaron detalles, trabajaron y se prepararon con la esperanza de conseguir la revancha. Y, como si estuviera escrito, la revancha llegó. Pero esta vez, en la casa del oponente.
29 de agosto de 2026. Una fecha que las veinte jugadoras, el cuerpo técnico y toda la Argentina no van a olvidar. Ambos equipos llegaron al estadio invictos y con una alta efectividad en los córners cortos. Pero había una diferencia: las argentinas no habían podido hacer el reconocimiento de la cancha y, con la carpeta nueva, las locales, que ya habían jugado allí, contaban con esa ventaja.
El partido fue todo lo que esperábamos y más. Las argentinas salieron a la cancha como si la conocieran de toda la vida. Se hicieron sentir desde el primer minuto y la presión comenzaba a ahogar a las neerlandesas.
El primer cuarto terminó igualado, pero al comienzo del segundo las cosas empezaron a cambiar. Faltaban cuatro minutos cuando Argentina quedó con una jugadora menos durante dos minutos por una infracción de María José Granatto, la otra capitana. Con las once jugadoras nuevamente en cancha, Países Bajos provocó un córner corto y abrió el marcador.
En total, hubo diez córners cortos entre ambos equipos. El gol argentino llegó en el séptimo córner, un número cargado de simbolismo: el mismo que representaba la séptima final mundial disputada por Las Leonas, como si la historia hubiera elegido ese instante para empezar a escribir una nueva página dorada.

María José Granatto apareció en el último cuarto para igualar el partido. Sonó la chicharra y el partido quedó definido: todo se resolvería en los shootouts
Allí apareció Cristina “China” Cosentino, una heroína con guantes. Defendió hasta el último segundo el arco argentino y, junto con Sofía Cairo, una de las grandes figuras del torneo, fue clave para conseguir la tercera estrella que Las Leonas buscaban desde hacía dieciséis años.
Las Leonas volvieron a consagrarse campeonas del mundo. Lo hicieron en territorio neerlandés, ante uno de sus mayores rivales y después de aquella derrota que había marcado el comienzo del camino.
La revancha llegó. Y esta vez, la copa vuelve a la Argentina.


Comentarios